En octubre de 2025 regresé a Cabo de Gata y Roquetas de Mar, en un momento del año en que el paisaje muestra su rostro más sobrio. El calor del verano se retira, la luz se vuelve más baja y más dorada, y el desierto recupera un silencio que parecía haber perdido. Caminé entre volcanes erosionados, playas vacías y antiguas salinas que aún guardan reflejos de otro tiempo. Las tonalidades ocres, los cielos limpios y el viento constante dieron forma a una geografía hecha de líneas simples y contrastes suaves. En la desembocadura de la Rambla del Cura, donde un pequeño arroyo llega al mar durante todo el año, encontré aves que aprovechan este hilo de agua inesperado: vuelvepiedras, garzas, gaviotas y otras visitantes que detienen su viaje por un instante. Un lugar discreto, pero lleno de vida, que revela su belleza solo a quien se detiene a mirar. Estas fotografías son una forma de recordar ese octubre tranquilo, sin prisas, en el que el paisaje parecía hablar en voz baja: una mezcla de sal, roca, viento y luz que define la esencia de Almería en otoño.